No había mucho que pensar, solo caminar y caminar por aquellos senderos de piedra afilada que iban lacerando sus pies.
Mientras transitaba por aquel paraje en su mente existía solo una palabra “DIEGO”, y cada vez que ese nombre intentaba desvanecerse de su mente, se hacia conciente del entorno sombrío en el que se encontraba, grandes árboles a los costados del camino de terraceria que iba pisando con sus pies descalzos, el humo de chimeneas de casas lejanas atravesando un cielo estrellado, pero por sobre todo una luna que la observaba de forma amenazadora, mientras escuchaba el sonido de la hojarasca moviéndose con el viento.
Su mente empezó a repetir frenéticamente el nombre “Diego, Diego, Diego…”, su cabeza agachada ocultaba unos ojos abstraídos en seguir sus propios pies paso a paso.
Después de caminar varios kilómetros y haber bajado por la colina, llego a un claro donde se encontraba un pequeño lago, donde la luna y las estrellas danzaban en el reflejo del mismo, con desesperación se abrió paso entre algunos abrojos que, a su paso, dejaron algunos arañazos en sus brazos.
Con esa tenue luz se dejo ver una figura madura através de un camisón blanco, su pelo entrecano y despeinado destellaba ligeramente por la luz de aquella luna llena, con un brusco movimiento sumergió sus brazos en el agua, en ellos se dejaban ver marcas de forcejeo en sus muñecas. Con sus gruesas y temblorosas manos acerco un poco de agua a su boca que se encontraba seca, y lavo su rostro que también tenía impresos golpes y lastimaduras.
Al intentar acceder al agua, resbalo y su camisón quedo enlodado, pero ella no mostró interés al respecto, después de unos minutos retomo el aliento y regreso al camino, continuando con su marcha.
Con el camisón sucio, el cuerpo mojado y sus ojos nebulosos continuo adelante, desde ese momento no se detuvo a observar el camino que dejaba atrás, caminaba con la seguridad de alguien que ya ha transitado por ahí.
Durante varias horas continuo, hasta que al alba levanto la mirada y diviso, varios kilómetros adelante, el poblado mas cercano, entonces enfoco su mirada al camino y con desesperación apresuro el paso, sin embargo el cansancio se hizo presente, sus pies hinchados iban dejando una huella de sangre detrás.
Llegando al pueblo, el camino principal la condujo a la plazuela donde también se erigía la iglesia. Rodeando el kiosco un grupo numeroso de mujeres se encontraba saliendo de la primera misa dominical.
Al acercarse al grupo provoco una reacción de sorpresa y desagrado, varias de ellas cuchicheaban entre si viéndola de los pies a la cabeza, “Una loca”, decían algunas mujeres. En ese momento sus ojos desorbitados buscaban el auxilio de las personas alrededor, con su mirada suplicante intentaba explicar lo que había sucedido.
En un instante, sin poder contenerse más grito “DIEGOOOOO!!!!!” y cayo desmayada, las mujeres horrorizadas por el grito se taparon los oídos y salieron huyendo del lugar, una anciana cerca del suceso se acerco y al ver a esta mujer, con los pies sucios, su camisón sucio y ensangrentado, se apiado de ella y le proporciono socorro.
Mientras la asistían los curiosos se fueron reuniendo en torno a la escena. Una camioneta todo terreno se estaciono frente a la plazuela y un hombre se acerco corriendo, en su rostro se dibujo una cara de alivio mientras esta mujer, inconsciente aun, era subida a la ambulancia. El era alto, moreno, barba, usaba una texana azul llena de polvo, su cabello despeinado y largo se asomaba por su sombrero, su nombre era Diego, venia de la montaña… había violado a una mujer.